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Peloteros criollos hicieron caja a pesar del COVID-19 al ganar US$163 millones

El escuadrón de peloteros dominicanos no solo salvó el desastroso año 2020 con actuaciones memorables dentro de las líneas de cal. Más allá de lo que hicieron Juan Soto, Fernando Tatis III, Marcell Ozuna o Sixto Sánchez también la facturación superó los niveles pactados para poder volver a jugar.

Cuando arrancó la campaña para los 30 equipos, el 24 de julio, y los con jugadores dispuestos a jugar por el 37% del salario que originalmente tenían en marzo, los 109 criollos en roster de 30 o lesionados tenían la posibilidad de ganarse en 60 partidos US$153,408,584.

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Era poco más de un tercio de los US$414,203,176 que hubiesen asegurado si el COVID-19 no se hubiese metido en el camino.

Sin embargo, de ese monto pactado en julio había US$17,630,805 que estaban sujetos al tiempo de permanencia en la plantilla activa. Fueron 61 jugadores que iniciaron la campaña con los llamados contratos two ways, de acuerdo con el portal especializado en contratos deportivos Spotrac.com.

Del grupo, hubo 42 que cumplieron, es decir, estuvieron activos todo el curso o pasaron a la lista de lesionados. Ese lote facturó US$13,441,561.

Pero hubo otros 19 que no corrieron igual suerte y de US$4,189,244 que debieron cobrar tuvieron que conformarse con US$2,207,920. La pérdida de US$1,981,324 puede parecer baja cuando se habla de jugadores de Grandes Ligas acostumbrados al lujo y gasto sin mirar la cuenta, pero en realidad la mayoría de afectados forma parte de la capa que menos dinero ha ganado.

El receptor Raudy Read fue firmado en 2011 por los Nacionales cuando tenía 17 años por US$130,000, en 2017 llegó al equipo grande, pero solo ha jugado 14 partidos en el Big Show y acumular 63 días de servicios. Comenzó el curso 2020 en el equipo con pacto por US$208,704, pero no jugó y el breve tiempo que estuvo cobró solo US$15,575.

Bryan Abreu, un derecho al que los Astros firmaron por US$10,000 en 2015, ganaría US$210,074 con los texanos. Su estadía fue breve y el cobro final fue de US$47,025.

Dawel Lugo debutó en el Big Show en 2018 y apenas contabilizaba 124 partidos al arranque de este curso. Comenzó la campaña en el roster de los Tigres con salario potencial de US$211,148. Pero solo estuvo “arriba” por nueve partidos, que les representaron un pago de US$78,775. El caso de Lugo es más mitigable, puesto que recibió un bono de US$1,5 millones cuando firmó con los Blue Jays en 2011.

Emilio Bonifacio corrió suerte parecida. Su pacto con los Nacionales le pagaría US$370,000 mientras estuviera en nómina, pero solo jugó en tres partidos y se quedó con US$82,920.

Yermín Mercedes llegó a las últimas horas con opciones de quedarse como tercer receptor de los White Sox por US$208,704. En su paso por el equipo que fue a playoffs cobró US$9,345.

A los 109 peloteros criollos que iniciaron la zafra en las plantillas se sumaron durante el trayecto a las nóminas 48, de ellos 20 debutantes y 28 con experiencia previa. Ese grupo cobró US$5,985,667 para estirar los ingresos totales, una vez se reducen los US$1,981,324 de los bajados, en US$163,398,594.

Así las cosas, la delegación criolla pudo sacar un salario promedio de US$1,040,755, aunque en la práctica solo 34 de ellos recibieron desembolsos de siete dígitos.

Los 29 novatos, que a mediados de junio estaban condicionados a practicar en los campamentos alternos de los equipos por las dietas semanales, se llevaron US$2,364,281 de ese pastel.

Adonis Medina (Filis), Héctor Pérez (Blue Jays) y Brailyn Márquez (Cubs) solo vieron acción en un partido y recibieron US$3,115. Al lado opuesto, Cristian Javier y Enoli Paredes, que estuvieron todo el trayecto con los Astros, recibieron US$208,704.

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