Hubo una época en la que comprar un televisor OLED era todo un acto de fe. Con tu compra, te llevabas los negros más puros del mercado, contraste infinito y velocidad de respuesta envidiable, pero también un pasajero oculto: el miedo al burn-in o quemado de la pantalla. La verdad que llevarte una...

Continúa leyendo en la fuente original:
Xataka — Leer artículo completo →