Quien subía a la Alhambra en la segunda mitad del siglo XIX, con los ‘Cuentos de la Alhambra’ de Washington Irving en la maleta, tenía muchas posibilidades de toparse con un personaje que parecía haberse fugado de un grabado romántico. Portaba un vistoso pañuelo de colores, sombrero de catite, ch...

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