Agosto de 1992. Un albañil tira un tabique en una casa de Barcarrota, un pueblo de Badajoz de casi 3.500 habitantes cerca de la frontera con Portugal. Detrás hay un hueco y dentro se esconden algunos libros. Están ordenados, envueltos en paja y ceniza, tapiados tras una doble pared de adobe. Y, e...
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