En 1931, la Unión Soviética consiguió algo que sobre el papel parecía imposible: abrir una vía navegable de unos 227 kilómetros entre el mar Blanco y el Báltico, y hacerlo en apenas 20 meses. Stalin podía presentar el Belomorkanal como una demostración de que su nuevo Estado era capaz de doblegar...

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