En 2009, José Antonio Sánchez Féliz, vecino de Madrid, paseaba por los acantilados de la playa de Vega, en Ribadesella, cuando tropezó con unos huesos oscuros clavados en la roca. No imaginó que acababa de tocar un ictiosaurio de 192 millones de años. Tampoco que su hallazgo tardaría 17 años en c...

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