En 1966 se puso en servicio la presa de Mequinenza. En 1969, la de Riba-roja. Juntos, convirtieron 150 kilómetros del Ebro en un lago como no se había visto nunca antes: profundo, cálido y cargado de nutrientes. Cinco años después, en 1974, un alemán decidió que ese "mar interior" necesitaba algo...
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